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Tu piel al día

Con el paso de los años, nuestra piel también envejece. La piel del adulto mayor es progresivamente más delgada, frágil y con menor capacidad de retener agua. Este proceso favorece la xerosis, es decir, la sequedad cutánea, una condición muy frecuente que puede causar descamación fina, aspereza, microgrietas y picazón intermitente.

Aunque no existen datos que indiquen un aumento directo de mediadores inflamatorios, las microfisuras de la piel pueden dejar expuestas terminaciones nerviosas, lo que explica el prurito tan común en esta etapa de la vida. Además, la disminución del flujo sanguíneo capilar y la disfunción de barrera del estrato córneo incrementa la pérdida de agua a través de la piel.

La buena noticia es que pequeños cambios en la rutina diaria marcan una gran diferencia. Se recomienda baños cortos, con agua tibia o fría, usando jabones suaves y en poca cantidad, evitando frotar la piel. La aplicación frecuente de emolientes restaura la barrera cutánea y alivia la sequedad. También es preferible usar ropa de algodón y brindar asistencia durante y después del baño en personas mayores frágiles para garantizar un secado corporal adecuado y prevenir lesiones de intertrigo o infecciones micóticas sobre todo en la piel de los dedos.

Cuidar la piel es cuidar la calidad de vida. Una piel bien hidratada no solo se ve mejor: también se siente mejor.