El invierno en Quito se caracteriza por un clima frío, húmedo y sumado a la altitud se expone la piel a múltiples agresiones. Estas condiciones pueden generar sequedad, sensibilidad y empeoramiento de problemas cutáneos como la Dermatitis Atópica o la Rosácea. La combinación del viento frío y la baja humedad ambiental favorece la deshidratación de la piel, mientras que la radiación UV, que permanece elevada incluso en días nublados, contribuye al daño solar acumulativo.
Para proteger la piel en esta temporada, es esencial reforzar la hidratación mediante el uso de emolientes ricos en ingredientes como ceramidas o ácido hialurónico. La limpieza debe ser suave, evitando jabones agresivos que comprometan la barrera cutánea. Además, es fundamental mantener el uso diario de un fotoprotector con amplio espectro, reaplicándolo cada 2 a 3 horas. El uso de ropa adecuada, como bufandas y guantes, ayuda a proteger la piel del viento y el frío. Hidratar los labios y protegerlos de la luz ultravioleta. Evitar lavar excesivamente las manos. Finalmente, mantener una hidratación interna adecuada y usar humidificadores en casa puede contrarrestar los efectos de la baja humedad. Priorizar estos cuidados es clave para mantener una piel saludable y evitar complicaciones en esta época del año.